La semana comenzaba el domingo de Ramos, nos despertábamos ilusionados porque era día de estreno, ropa y calzado nuevo y llevábamos palmas, las de las niñas eran más trabajadas y les ponían muchos adornos de golosinas, no podía faltar el rosario de azúcar , las cuentas eran rosa y blancas.
Íbamos a misa bendecían las palmas y las colgábamos de los balcones hasta el año siguiente. Los siguientes días eran muy tristes, en los cines solo hacían películas religiosas y en la radio dejaban de hacer la programación habitual, y era música religiosa, todo era respeto y devoción.
Dudo si era jueves o viernes, recorríamos varias iglesias, le llamábamos "Correr Monumentos" las imágenes estaban tapadas con una tela morada, he buscado el significado y la explicación que más me ha convencido ha sido esta.
"Visitar siete iglesias, este peregrinar simboliza el ir y venir de Jesús después de haber sido aprendido en el Huerto de Getsemani, lugar a donde se dirigió Jesús después de la Última Cena."
Estaba prohibido cantar, reír y toda manifestación de alegría, eso en niños es muy difícil, a mi me gustaba mucho cantar y será por lo prohibido, que mas deseos tenía, era un tremendo sufrimiento tener que taparme la boca cada vez que me salía un cante.
Por fin llegaba el domingo de Gloria, que ilusión y que alegría poder cantar, reír y hasta alborotar, salíamos a la calle todos los niños y con un martillo o algo contundente dábamos palos y golpes a los postes de hierro de la calle, y nos sentíamos liberados de aquella presión y aquella tristeza que no era propia de nuestra edad.
Luego llegaba la tan esperada mona, acostumbrábamos a hacerlas en casa o nos las enviaban mis abuelitos del pueblo, con otros dulces y embutidos
En las pastelerías también se vendían obras de arte de chocolate y otras mas modestas con figuritas, que solían regalarlas el padrino y la madrina regalaba la palmaEstaba prohibido cantar, reír y toda manifestación de alegría, eso en niños es muy difícil, a mi me gustaba mucho cantar y será por lo prohibido, que mas deseos tenía, era un tremendo sufrimiento tener que taparme la boca cada vez que me salía un cante.
Por fin llegaba el domingo de Gloria, que ilusión y que alegría poder cantar, reír y hasta alborotar, salíamos a la calle todos los niños y con un martillo o algo contundente dábamos palos y golpes a los postes de hierro de la calle, y nos sentíamos liberados de aquella presión y aquella tristeza que no era propia de nuestra edad.
Luego llegaba la tan esperada mona, acostumbrábamos a hacerlas en casa o nos las enviaban mis abuelitos del pueblo, con otros dulces y embutidos







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